"No son enfermos mentales. Si lo fueran, tendrían antecedentes de agresión a otras personas. (...) Y sin embargo, sólo descargan la violencia contra sus mujeres. (...)"

Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia.

Mahatma Gandhi. 1869-1948. Político y pensador indio.


Nadie puede amar sus cadenas, aunque sean de oro puro.

John Heywood

sábado, 17 de enero de 2015

Las mujeres que aman demasiado



Prólogo.

Cuando estar enamorada significa sufrir, estamos amando demasiado.

Cuando la mayoría de nuestras conversaciones con amigas íntimas son acerca de él, de sus problemas, sus ideas, sus sentimientos, y cuando casi todas nuestras frases comienzan con "él...", estamos amando demasiado.

Cuando disculpamos su mal humor, su mal carácter, su indiferencia o sus desaires como problemas debidos a una niñez infeliz y tratamos de convertirnos en su psicoterapeuta, estamos amando demasiado.

Cuando leemos un libro de autoayuda y subrayamos todos los pasajes que lo ayudarían a él, estamos amando demasiado.

Cuando no nos gustan muchas de sus conductas, valores y características básicas, pero las soportamos con la idea de que, si tan sólo fuéramos lo suficientemente atractivas y cariñosas, él querría cambiar por nosotras, estamos amando demasiado.

Cuando nuestra relación perjudica nuestro bienestar emocional e incluso, quizá, nuestra salud e integridad física, sin duda estamos amando demasiado.


Fragmentos.

En este libro, al igual que en tantos libros de "autoayuda", hay una lista de pasos a seguir a fin de cambiar. Si usted decide que realmente desea seguir esos pasos, necesitará - como en todo cambio terapéutico - años de trabajo y nada menos que su dedicación total. No hay atajos para salir del patrón de amar demasiado en el que usted está atrapada.

(...)

Amar demasiado no sifnifica amar a demasiados hombres, ni enamorarse con demasiada frecuencia, ni sentir un amor genuino demasiado profundo por otro ser. En verdad, significa obsesionarse por un hombre y llamar a esa obsesión "amor", permitiendo que esta controle nuestras emociones y gran parte de nuestra conducta y, si bien comprendemos que ejerce una influencia negativa sobre nuestra salud y nuestro bienestar, nos sentimos incapaces de librarnos de ella. Significa medir nuestro amor por la profundidad de nuestro tormento.

(...)

Es el grado de secreto - la incapacidad de hablar sobre los problemas -, más que la severidad de los mismos, lo que define el grado de disfuncionalidad que adquiere una familia y la gravedad del daño provocado a sus miembros.

Una familia disfuncional es aquella en que los miembros juegan papeles rígidos y en la cual la comunicación está severamente restringida a las declaraciones que se adecuan a esos roles. Los miembros no tienen libertad para expresar todo un espectro de experiencias, deseos, necesidades y sentimientos, sino que deben limitarse a jugar el papel que se adapte al de los demás miembros de la familia. En todas las familias hay papeles, pero a medida que cambian las circunstancias, los miembros también deben cambiar y adaptarse para que la familia siga siendo saludable. De esa manera, la clase de atención materna que necesita una criatura de un año será sumamente inadecuada para un adolescente de trece años, y el papel materno debe alterarse para acomodarse a la realidad. En las familias disfuncionales, los aspectos principales de la realidad se niegan, y los papeles permanecen rígidos.

Cuando nadie puede hablar sobre lo que afecta a cada miembro de la familia individualmente y a la familia como grupo - es más, cuando tales temas son prohibidos en forma implícita (se cambia el tema) o explícita ("¡Aquí no se habla de esas cosas!") - aprendemos a no creer en nuestras propias percepciones o sentimientos. Como nuestra familia niega la realidad, nosotros también comenzamos a negarla. Y eso deteriora severamente el desarrollo de nuestras herramientas básicas para vivir la vida y para relacionarnos con la gente y las situaciones. Es ese deterioro básico lo que opera en las mujeres que aman demasiado. Nos volvemos incapaces de discernir cuándo alguien o algo no es bueno para nosotros. Las situaciones y la gente que otros evitarían naturalmente por peligrosas, incómodas o perjudiciales no nos repelen, porque no tenemos manera de evaluarlas en forma realista o autoprotectora.

(...)

Características típicas de mujeres que aman demasiado:

1. Típicamente, usted proviene de un hogar disfuncional que no satisfizo sus necesidades emocionales.


2. Habiendo recibido poco afecto, usted trata de compensar indirectamente esa necesidad insatisfecha proporcionando afecto, en especial a hombres que parecen, de alguna manera, necesitados.


3. Debido a que usted nunca pudo convertir a su(s) progenitor(es) en los seres atentos y cariñosos que usted ansiaba, reacciona profundamente ante la clase de hombres emocionalmente inaccesibles a quienes puede volver a intentar cambiar, por medio de su amor.


4. Como le aterra que la abandonen, hace cualquier cosa para evitar que una relación se disuelva.


5. Casi ninguna cosa es demasiado problemática, tarda demasiado tiempo o es demasiado costosa si "ayuda" al hombre con quien usted está involucrada.


6. Acostumbrada a la falta de amor en las relaciones personales, usted está dispuesta a esperar, conservar esperanzas y esforzarse más para complacer.


7. Está dispuesta a aceptar mucho más del cincuenta por ciento de la responsabilidad, la culpa y los reproches en cualquier relación.


8. Su amor propio es críticamente bajo, y en el fondo usted no cree merecer la felicidad. En cambio, cree que debe ganarse el derecho de disfrutar de la vida.


9. Necesita con desesperación controlar a sus hombres y sus relaciones, debido a la poca seguridad que experimentó en la niñez. Disimula sus esfuerzos por controlar a la gente y las situaciones bajo la apariencia de "ser útil".


10. En una relación, está mucho más en contacto con su sueño de cómo podría ser que con la realidad de su situación.


11. Es adicta a los hombres y al dolor emocional.


12. Es probable que usted esté predispuesta emocionalmente y, a menudo, bioquímicamente, para volverse adicta a las drogas, al alcohol y/o ciertas comidas, en particular los dulces.


13. Al verse atraída hacia personas que tienen problemas por resolver, o involucrada en situaciones que son caóticas, inciertas y emocionalmente dolorosas, usted evita concentrarse en su responsabilidad para consigo misma.


14. Es probable que usted tenga una tendencia a los episodios depresivos, los cuales trata de prevenir por medio de la excitación que proporciona una relación inestable.


15. No la atraen los hombres que son amables, estables, confiables y que se interesan por usted. Estos hombres "agradables" le parecen aburridos.

(...)

Es verdad en todos nosotros que, cuando sucede algo emocionalmente doloroso y nos decimos que la culpa es nuestra, en realidad estamos diciendo que tenemos control sobre ello: si nosotros cambiamos, el dolor desaparecerá.

(...)

La gente hambrienta (Desesperadamente hambrienta de amor y aprobación, y familiarizada con el rechazo) hace malas compras. 


(...)


Antes de su recuperación, una mujer que ama demasiado, por lo general:


1. Pregunta "¿Cuánto me ama (o necesita)?" y no "¿Cuánto lo quiero?"


2. La mayoría de sus interacciones sexuales con él están motivadas por "¿Cómo puedo hacer que me ame (o necesite) más?"


3. Su impulso de entregarse sexualmente a otros a quienes percibe como necesitados, puede dar como resultado una conducta que ella misma considera promiscua, pero esta apunta principalmente a la gratificación de otra persona, en lugar de a ella misma.


4. El sexo es una de las herramientas que usa para manipular o cambiar a su pareja.


5. A menudo las luchas de poder de la manipulación mutua le parecen muy excitantes. Se comporta en forma seductora para conseguir lo que quiere y se siente estupendamente cuando da resultado y muy mal cuando no es así. El hecho de no obtener lo que quiere por lo general la lleva a esforzarse más.


6. Confunde angustia, miedo y dolor con amor y excitación sexual. A la sensación de tener un nudo en el estómago la llama "amor".


7. Se excita a partir de la excitación de él. No sabe sentirse bien por sí misma; de hecho, se siente amenazada por sus propios sentimientos.


8. A menos que tenga el desafío de una relación no gratificante, se vuelve inquieta. No la atraen sexualmente los hombres con quienes no lucha. En cambio, los llama "aburridos".


9. A menudo forma equipo con un hombre de menor experiencia sexual, para poder sentirse en control.


10. Anhela la intimidad física, pero debido a que teme verse envuelta por otro y/o abrumada por su propia necesidad de afecto, sólo se siente cómoda con la distancia emocional creada y mantenida por la tensión de la relación. Se vuelve temerosa cuando un hombre está dispuesto a acompañarla emocional y sexualmente. Huye de él o bien se aleja.


(...)


Hacen falta intereses comunes, valores y objetivos comunes, y capacidad para una intimidad profunda y duradera si se desea que el encantamiento erótico inicial de una pareja a la larga se transforme en una devoción afectuosa y comprometida que soporte el paso del tiempo.


(...)


El precio que pagamos por la pasión es el miedo, y el mismo dolor y el mismo miedo que alimentan al amor apasionado también pueden destruirlo. El precio que pagamos por un compromiso estable es el aburrimiento, y la misma seguridad y la solidez que cimentan una relación así también pueden hacerla rígida y sin vida.


(...)


Por otra parte, nuestra cultura otorga un viso romántico al sufrimiento por amor y a la adicción a una relación (canciones populares, ópera, literatura clásica, telenovelas...)


(...)


Necesitamos desarrollar conscientemente una forma de relacionarnos con más madurez y abierta que la que parece apoyar nuestro medio cultural, para poder cambiar el torbellino y la excitación por una intimidad más profunda.


(...)


Esta clase de carga - las chispas, la atracción, el impulso de estar con esa otra persona y de hacer que la relación funcione - no está presente en la misma medida en las relaciones más saludables y satisfactorias, porque no representan todas las posibilidades de saldar viejas cuentas y de prevalecer sobre lo que una vez fue abrumador. Esta emocionante posibilidad de rectificar viejos errores, de recuperar el amor perdido y de ganar una aprobación reprimida es lo que, para las mujeres que aman demasiado, constituye la atracción inconsciente que subyace al hecho de enamorarse.


(...)


La ayuda es el lado soleado del control.


(...)


El patrón de desarrollar relaciones en las cuales su papel es comprender, alentar y mejorar a su pareja es una fórmula muy utilizada por las mujeres que aman demasiado, y por lo general produce exactamente lo contrario al resultado esperado.


(...)


"Al principio yo estaba tan vacía que sentía como si el viento me atravesara. Pero con cada decisión que tomaba por mí misma, ese vacío comenzaba a llenarse un poco más. Tenía que averiguar quién era yo, qué me gustaba y qué no, qué quería para mí y para mi vida. No podía averiguar esas cosas a menos que tuviera tiempo para mí sola, sin nadie en quien pensar y por quien preocuparme, porque cuando había otra persona cerca yo prefería dirigir su vida en lugar de vivir la mía".


(...)


Para la mujer que ama demasiado, la práctica de la negación, magnánimamente expresada como "pasar por alto los defectos de él" o "mantener una actitud positiva", oculta la forma en que los defectos de él le permiten ejercer su papel deseado. Cuando el impulso de controlar se disfraza bajo la actitud de "ser útil" y "brindar apoyo", nuevamente lo que se ignora es la propia necesidad de superioridad y poder implícitos en esta clase de interacción.


Es necesario que reconozcamos que la práctica de la negación y el control, en cualquier forma que se los llame, no conduce a mejorar nuestra vida ni nuestras relaciones. Más bien, el mecanismo de la negación nos lleva a relaciones que permiten la representación compulsiva de nuestras viejas luchas, y la necesidad de controlar nos mantiene allí, tratando de cambiar a otra persona en lugar de cambiar nosotras mismas.


(...)


La verdadera aceptación de un individuo tal como es, sin tratar de cambiarlo mediante el aliento, la manipulación o la coacción, es una forma muy elevada del amor y, para la mayoría de nosotros, resulta muy difícil de practicar. En el fondo de todos nuestros esfuerzos para cambiar a alguien hay un motivo básicamente egoísta, una creencia de que a través de ese cambio seremos felices. No hay nada malo en desear ser felices, pero colocar la fuente de esa felicidad fuera de nosotros mismos, en las manos de otra persona, significa que evitamos nuestra capacidad y nuestra responsabilidad de modificar nuestra propia vida para bien.


(...)


Para que la esposa de un adicto al trabajo esté libre para vivir una vida plena, haga lo que haga su esposo, debe llegar a creer que el problema de él no es el suyo, y que no está en su poder, ni es su deber, ni su derecho cambiarle. Debe aprender a respetar el derecho que tiene él de ser quien es, aun cuando ella desee que sea distinto.


Al hacerlo, ella quedará libre: libre de resentimiento por la inaccesibilidad de él, libre de culpa por no ser capaz de cambiarle, libre de la carga de tratar incansablemente de cambiar lo que no puede. Con menos resentimiento y culpa es probable que ella empiece a sentir más afecto hacia él por las cualidades que sí aprecia.


Cuando ella deje de tratar de cambiarlo y reencauce su energía al desarrollo de sus propios intereses, experimentará cierto grado de felicidad y satisfacción, sin importar lo que él haga. A la larga quizá ella descubra que sus objetivos son suficientemente gratificantes y que puede disfrutar una vida plena y satisfactoria sola, sin mucha compañía de su esposo. O bien, a medida que se vuelva cada vez menos dependiente de él para su felicidad, ella puede decidir que su compromiso con un hombre ausente no tiene sentido y puede decidir proseguir su vida sin el constreñimiento de un matrimonio insatisfactorio. Ninguno de estos dos caminos es posible, mientras ella necesite que él cambie para ser feliz. Hasta que lo acepte tal como es, estará congelada en animación suspendida, esperando que él cambie para poder empezar a vivir su vida.


Cuando una mujer que ama demasiado se da por vencida en su cruzada de cambiar al hombre de su vida, entonces él queda solo para reflexionar en las consecuencias de su propio comportamiento. Como ella ya no está frustrada ni infeliz, sino que cada vez se entusiasma más con la vida, se intensifica el contraste con la existencia de él. Él puede elegir luchar por desembarazarse de su obsesión (...) o quizá no.


(...)



El camino hacia la recuperación.


1. BUSQUE AYUDA.


Hacer algo, dar el primer paso, extender la mano. Deje a su pareja fuera del asunto, no lo amenace.


Abandone de forma temporal la idea de que puede arreglárselas sola. Busque un terapeuta, ingrese en un grupo de autoayuda.


No ponga fin a la relación si la tiene, a medida que siga estos pasos, del uno al diez, la relación se encargará de sí misma.

2. HAGA QUE SU RECUPERACIÓN SEA LA PRIMERA PRIORIDAD EN SU VIDA.

Requiere un compromiso total con usted misma. Esto la ayudará a valorar y promover su propio bienestar.

Lea libros sobre el tema, vaya a conferencias, averigüe... Con la comprensión viene la oportunidad de elegir. A mayor comprensión, mayor libertad.


Requiere la voluntad de invertir tiempo y dinero en recuperarse.


Suspenda el uso de sustancias que alteran la mente durante el período de recuperación, pues le impedirán experimentar totalmente las emociones que aflorarán en usted. La mayor parte del "trabajo" de terapia ocurre durante las horas en que usted no está en el grupo ni en la sesión.


3. BUSQUE UN GRUPO DE APOYO INTEGRADO POR PARES QUE LA ENTIENDAN.
Un grupo es un lugar donde trabajar para su propia recuperación.

La empatía sola no provocará la recuperación. Un buen grupo de apoyo se dedica a ayudar a mejorar a todas las que asisten e inclusive a algunos miembros que han logrado cierto grado de recuperación y que pueden compartir con las recién llegadas los principios por los cuales lo lograron.

Asuma un compromiso, asista a un mínimo de 6 reuniones antes de decidir que el grupo no tiene nada que aportarle. Debe ser regular, sentir cierto nivel de confianza y ser sincera.

Al identificarse con las demás y aceptarlas a pesar de sus defectos y secretos, usted podrá aceptar más esas características y sentimientos en usted misma.

Existe además un elemento importante: el humor.

4. DESARROLLE SU LADO ESPIRITUAL MEDIANTE LA PRÁCTICA DIARIA.

Significa distintas cosas para las distintas personas. Incluye cualquier cosa que la lleve más allá de sí misma, hasta una perspectiva más amplia de las cosas. Averigüe qué es lo que le da paz y serenidad y dedique un poco de tiempo, al menos media hora diaria, a esa práctica.

Hay más fuerza en el grupo que la que pueda tener cualquiera de ustedes por separado.
5. DEJE DE MANEJAR Y CONTROLAR A LOS DEMÁS.
6. APRENDA A NO "ENGANCHARSE" EN LOS JUEGOS.
Los juegos son formas estructuradas de interacción que se emplean para evitar la intimidad.

Los papeles que juegan las mujeres que aman demasiado y sus parejas son variedades de las posiciones de rescatador, perseguidor y víctima.

Reaccione en una forma que ponga fin al juego. Dado que nadie puede mantener dos pensamientos distintos al mismo tiempo, Mary descubrió que al dedicar sus pensamientos a las palabras tranquilizadoras de la afirmación, se calmaba e incluso se relajaba.

Ahora usted debe desarrollar nuevas maneras de comunicarse con usted misma y con los demás, maneras que demuestren su voluntad de asumir responsabilidad por su vida.

Necesitará toda la energía liberada al renunciar al hecho de dirigir y controlar a los demás (punto 5).
7. ENFRENTE CON CORAJE SUS PROPIOS PROBLEMAS Y DEFECTOS.

Examine a fondo su vida actual, tanto lo que la hace sentir bien como lo que la hace sentir incómoda o infeliz. Examine el pasado, recuerdos, logros, fracasos. Examínelo todo por escrito.
8. CULTIVE LO QUE NECESITE DESARROLLAR EN USTED MISMA.

No esperar el apoyo de él. Actúe como si no tuviera nadie más que usted misma en quien apoyarse. Cubra todas las contingencias sin usarlo a él como recurso (¡ni como excusa!).

Actúe en pro de sus intereses. Corra riesgos (conocer gente, volver a un aula...)

De vez en cuando tendrá que enfrentar el terrible vacío que aflora cuando usted no está concentrada en otra persona. Permítase sentirlo, en toda su intensidad (de otro modo, usted buscará otra manera dañina de distraerse). Abrace el vacío y sepa que no siempre se sentirá así, y que con sólo estarse quieta y sentirlo comenzará a llenarlo con la calidez de la autoaceptación.
9. VUÉLVASE "EGOÍSTA".
Al comenzar a ponerse en primer lugar, usted debe aprender a tolerar la ira y la desaprobación de los demás. No discuta, no se disculpe ni trate de justificarse. Manténgase lo más serena y alegre que le sea posible y siga con sus actividades.
10. COMPARTA CON OTROS LO QUE HA EXPERIMENTADO Y APRENDIDO.

Eso no significa aconsejar, sino sólo explicar lo que dio resultado para usted.

Usted podría sufrir una recaída sin una vigilancia constante. Trabajar con recién llegadas contribuye a mantenerla en contacto con el grado de enfermedad que tuvo una vez, y con lo mucho que ha progresado. Evita que usted niegue lo malo que fue en realidad, porque la historia de una recién llegada será muy parecida a la suya, y usted recordará con compasión, por ella y por usted misma, cómo era.

...............

La recuperación es un proceso de por vida y una meta que luchamos por alcanzar, no que logramos de una vez por todas.
Características de una mujer que se ha recuperado de amar demasiado:
1. Se acepta por completo, aun cuando desea cambiar partes de sí misma. Hay un amor propio y una autoconsideración básicos, que ella alimenta con cuidado y expande con decisión.
2. Acepta a los demás tal como son, sin tratar de cambiarlos para satisfacer sus propias necesidades.

3. Está en contacto con sus sentimientos y actitudes en todos los aspectos de su vida, inclusive la sexualidad.
4. Atesora cada aspecto de sí misma: su personalidad, su apariencia, sus creencias y principios, su cuerpo, sus intereses y logros. Se autoaprueba, en lugar de buscar una relación que le otorgue una sensación de valor propio.
5. Su autoestima es lo suficientemente grande para que pueda disfrutar la compañía de los demás, especialmente de los hombres, que le parecen bien tal como son. No necesita que la necesiten para sentirse digna.
6. Se permite ser abierta y confiada con la gente apropiada. No teme que la conozcan en un nivel personal profundo, pero tampoco se expone a la explotación de quienes no se interesan por su bienestar.
7. Se pregunta: "¿Esta relación es buena para mí? ¿Me permite llegar a ser todo lo que soy capaz de ser?"
8. Cuando una relación es destructiva, es capaz de renunciar a ella sin experimentar una depresión incapacitante. Tiene un círculo de amigos que la apoyan e intereses sanos que la ayudan a superar la crisis.
9. Valora su propia serenidad por sobre todas las cosas. Todas las luchas, el drama y el caos del pasado han perdido su atracción. Se protege a sí misma, su salud y su bienestar.
10. Sabe que una relación, para que funcione, debe darse entre dos personas que compartan objetivos, intereses y valores similares, y que tengan capacidad para la intimidad. Sabe también que ella es digna de lo mejor que le pueda ofrecer la vida.


Los nuevos hombres nuevos. Cómo adaptarse a los tiempos de igualdad

Destino | 2008 ― No FicciónHumanidades
400 páginas 
El autor de Mi marido me pega lo normal y actual número dos del Ministerio de Igualdad nos explica la progresiva transformación del varón en nuestra sociedad.
Un libro en el que explica la progresiva transformación del varón en nuestra sociedad. Con un análisis claro y sin disimulos (incluye asuntos tan espinosos como la creciente violencia contra las mujeres o los problemas legales de los hombres separados para acceder a la custodia compartida de sus hijos), este libro crea un retrato robot de la nueva masculinidad, alejada de los egoísmos, atavismos y brutalidades que deberían ser cosa del pasado, pero que tristemente siguen siendo actualidad.
El asunto más urgente y crucial de nuestra sociedad es el de la redefinición del papel de los hombres. Nadie como Miguel Lorente para explicarnos esa transformación, sus dificultades y sus esperanzas. El mensaje del libro, aun siendo realista, es positivo y esperanzador.


Tú haz la comida, que yo cuelgo los cuadros

Crítica | 2014 ― No FicciónActualidad
288 páginas 
No es de extrañar que muchas mujeres jóvenes, y no tan jóvenes,  piensen que no viven en un mundo machista porque, gracias a la lucha de otras mujeres en el pasado, existe la igualdad de sexos en nuestra sociedad. Sin embargo, Miguel Lorente, médico forense y acreditado experto en violencia de género, nos explica que, aunque todavía no sean conscientes de ello, seguramente esas jóvenes ya se encuentran atrapadas en situaciones no igualitarias y seguirán encontrando palos en las ruedas a medida que traten de avanzar en sus carreras profesionales, y también en sus vidas privadas; del mismo modo que muchas de las mujeres de más edad que antes soñaron la libertad, no han podido salir de los espacios y estereotipos que las atraparon.
En estos años hemos aprendido a identificar las consecuencias de varios factores como la discriminación, los resultados más graves de la violencia o la desigualdad salarial; no obstante, no conocemos las trampas que la cultura tiene distribuidas por el terreno de la convivencia para que todo transcurra de la forma prevista y dentro de los límites establecidos para hombres y mujeres.
No hay inercia en el la lucha contra lo establecido: dejar de actuar significa retroceder. La situación nos muestra que queda mucho por hacer, no sólo en el abordaje de las manifestaciones de la desigualdad, sino, y sobre todo, en la transformación de las circunstancias que dan lugar a ellas.
En Tú haz la comida, que yo cuelgo los cuadros se muestran las trampas que esconde nuestro mundo, unas directrices aparentemente menos rígidas que antaño pero que tienen la misma finalidad de siempre: que nadie se salga del sistema establecido. Estos ardides, aunque ideados para controlar a mujeres, también están despertando el rechazo de algunos hombres que no quieren encajar en los roles tradicionales. Y es que, tal y como decía Simone de Beauvoir, «el problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres».




jueves, 27 de octubre de 2011

Citas y frases de superacion


Muchos matrimonios serian felices si el marido y la mujer claramente entendieran que estan en el mismo lado.- Zig Ziglar


Si aprendes de tus fracasos realmente no has fracasado.- Zig Ziglar


Si no te ves a ti mismo como un ganador no puedes actuar como un ganador.- Zig Ziglar




El diario de Sara


http://violenciadegeneroweb.over-blog.es/article-el-diario-de-sara-80037389.html


EL DIARIO DE SARA ( Documento completo)

Documento único sobre la relación entre un maltratador y su víctima. (Documento real).

El Administrador: Jorge L. Matesanz

Fuente:http://www.elmundo.es/

Por Sonia Aparicio

1

Sara estuvo enamorada de un hombre violento, agresivo y destructivo. Sola y aislada, un día empezó a escribir en un diario lo que sentía y vivía, para desahogarse, entenderse a sí misma e intentar comprender hacia dónde iba esa relación.

Hoy, mientras sigue una terapia sobre dependencia emocional, intenta recuperarse y empezar de nuevo.
Estos extractos de su diario representan la crónica más fiel de los cuatro años y medio más oscuros de su vida.

Por SONIA APARICIO

uente:http://www.elmundo.es/

3 de enero de 2004


SIGO INTENTANDO RECORDAR esa primera vez, tu cara pegada a la mía, al mismo tiempo apretando mis pómulos para que me calle, no lo puedo creer e intento escapar, corres detrás de mí, me coges por los aires, abrazándome por detrás a la altura del pecho y dejando inmóviles mis brazos. Mis pies se balancean pero ni rozan el suelo. Me mueves rápidamente de una a otra habitación hasta que me lanzas sobre la cama.

Te subes encima de mí para sujetarme las piernas e inmovilizarme en el forcejeo. Cabezazo en la nariz. Comienzo a gritar y a llorar más fuerte, me suelto y me arrincono en un lado de la cama, pegada a la pared. Me dices: «¡Basta ya!, ¡para esto!, ¡no sigas!». Yo no entiendo, no sé cómo pararlo. Para volverme a agarrar me coges de los pelos y sin querer —según tú— mi cabeza se golpea contra la pared. Siento que la pinza que me sujeta el pelo se rompe y se me clava. Vuelvo a gritar de dolor. Vuelves a inmovilizarme. Cada vez que me agarras golpeas mi pecho. Me ahogo entre mis lágrimas, mocos y la sangre que brota por mi nariz. La habitación está oscura. Pierdo la noción del tiempo.

No soportas verme y oírme llorar. Me pones una almohada sobre la cara para que me calle. Me revuelvo, no puedo respirar, no sé qué va a pasar. No recuerdo cómo acabó.

Después no sentía nada. Hacía todo lo que tú me decías, te seguía como una autómata. Cuando por fin me quedé sola, llamé a un amigo que estaba cerca. Y lloré y lloré… No me lo creía.

7 de enero de 2004


¿QUÉ DIJE? ¿Qué hice? Mil preguntas sin respuesta. Siento un gran dolor por todo mi cuerpo. Lloro, pero sonrío queriendo perdonar o quizás queriéndome engañar de que nada ha sucedido, no sé en qué momento provoqué tu cólera (¿coloqué mal el cenicero? ¿No me tomé el zumo?) hasta el punto de observar cómo iba transformándose tu cara. Tus cejas se juntaban, tus ojos eran los de un loco sin límites, tu boca echaba espuma… Ahora, al recordarlo, mi pecho y mi garganta se ahogan y no puedo parar de llorar.

2 de marzo de 2004

ESTA VIDA PARECE SER DE LOS FUERTES, que son personas que te dicen abiertamente que hace tiempo construyeron su mundo particular y su coraza para sobrevivir en esta jungla y que a ellos «no les tose» nadie. Es más, reconocen que al débil siempre se le pisará el cuello.

Sé que no debería haber vuelto después de la primera paliza, pero volví. ¿Por qué? Porque no creo que esto me pueda estar pasando a mí. Es imposible que alguien que me quiere pueda tratarme de esa manera.

No acabo de recuperarme del shock y me abrazas, me besas, tu cara ha cambiado, eres dulce y tierno, me pides perdón una y mil veces… Me dices que soy la mejor mujer del mundo y que nunca se repetirá. Actúas como si nada hubiera pasado y siento una confusión absoluta. ¿A lo mejor no era para tanto? Y tu sonrisa y tu actuar me confunden, tú te justificas con un montón de palabrería, mirándome tiernamente y actuando como si nada.

7 de marzo de 2004


SIENTO QUE PASO UN DÍA ESTUPENDO contigo y al día siguiente te hago perder la paciencia y me alejo de nuevo, huyendo de nuestras malas vibraciones.

He soñado contigo y me he despertado sintiendo que te amo… Y sintiendo también este miedo que me ahoga y que nadie me puede quitar.

8 de marzo de 2004


TE QUIERO, DE VERDAD, a lo mejor más de lo que imagino, y mi sueño es poder ser feliz a tu lado y que tu amor sea para siempre. Aprenderé a respetar tu humor y a quererte como eres. Perdóname, perdóname…

14 de marzo de 2004


SÍ, SÍ, TE ENTIENDO. Entiendo que dices que me quieres, que quieres que sea tu sueño. Pero yo no entiendo que si me quieres no me aceptes como soy, que no me escuches, que me grites y me faltes al respeto porque te saca de tus casillas que exponga mis ideas o sentimientos.

Te abrí la puerta de casa, superé el miedo. Como me pedías, volví a confiar en ti. Pero después de nuevos numeritos y rabietas, tengo que pedirte que te controles.

Tu amor no es tan grande como tú te crees. Porque no te controlas. Te abrí mi corazón para compartir mi vida contigo, pero poco a poco todo se ha ido empañando por tu carácter, por tu falta de comprensión… Y me he ido debilitando para soportar la carga de esta triste realidad.

Cómo puedes hablar de unión si no me respetas, si ni siquiera sabes cómo me siento porque no me escuchas. Si sólo concibes esta relación desde tu punto de vista y pensando sólo en tus necesidades.

Tu amor me duele. Sólo piensas en ti. No puedes estar a mi lado porque ya no tengo fuerzas. Cada discusión y enfrentamiento se contradice con la palabra amor. Estoy harta. Sólo tú, sólo tus malas maneras… ¿Y qué hago yo con todo esto? Digerirlo cada noche en soledad, con mi dolor y sueños rotos, con mis ilusiones esfumadas e intentado sonreír, como la mayoría de la gente a la que le cuesta aceptar la soledad no deseada.

Y tú te comportas como si no hubiera pasado nada. Dices que me quieres, que me echas de menos, que me necesitas, que quieres estar conmigo. Se acabó. Aunque duela.

13 de junio de 2004


CUANDO ESTOY DESPIERTA, me acuerdo de la esperanza y los sueños que tenía en ti. Quizás porque sentía que mi oportunidad de tener un compañero y formar la familia que desde niña había deseado se me escapaba entre los dedos…

Sigo y sigo insistiendo, creyéndote y convenciéndome de que si la vida te ha puesto en mi camino, yo debo quererte y aceptarte como eres. Y mi fe me lleva a creer en los milagros.

2 de julio de 2004


NO SÉ LO QUE HE DICHO O HECHO, ni por qué has entrado en la cocina con ese cuchillo entre las manos, pidiéndome que te mate. Yo he intentado mantener la serenidad por los niños, pero tú gritabas, gritabas y gritabas mientras no parabas de pedirme que matara al monstruo que hay en ti.

7 de julio de 2004


ANOCHE PROMETÍA SER UNA VELADA IDEAL, jugando con los niños y riéndonos. Yo no podía evitar sentir pánico, pero intentaba no demostrarlo, pues tú siempre me acusas de que es ese miedo mío lo que despierta a tu monstruo. Los niños empezaban a cansarse y yo intenté convencerte de que era mejor que se fueran a la cama. «No, no lo estropees todo», decías. La jornada acabó con gritos, lloros, juegos violentos.... Una cosa es que la tomes conmigo. Pero mis hijos… Mis hijos, no.

4 de agosto de 2004

SE ACABÓ. LO HE DECIDIDO. No vas a dormir más en casa. Los niños no pueden presenciar esto. Pero ¿cómo te lo digo?

20 de agosto de 2004


CUANDO TE DIJE que no ibas a dormir más en casa, nos enfrascamos en una conversación sin sentido: «estoy agotado», «no seas mala», «no puedo conducir», «no me eches a la calle como un perro»… No me daba cuenta de que lo único que pretendías era alargar la velada y quedarte. Y al final, acepté a cambio de que te fueras temprano, antes de que se despertaran los niños.

¡Qué gran error! Sonó el despertador y no querías moverte. Insistí e insistí , te pusiste como un loco a gritar, despertaste a los niños, todos corríamos de un lado para otro, golpeabas todo lo que encontrabas a tu paso. Te había echado de casa y me lo estabas haciendo pagar caro. Y esas vocecitas… «No pegues a mamá».

2 de septiembre de 2004


ME HE IDO DE VIAJE, no te he dicho adónde. Necesito estar sola y segura. No quiero que los niños presencien más espectáculos. He decidido que tengo que dejarte, y aprovechando que estoy lejos en un sitio desconocido, te he llamado para decírtelo. Me has gritado que no puedo hacer esto, que hablemos, que no sea tan cobarde y que te lo diga a la cara. Te he dicho que me da miedo. Llantos, tristeza. Voy a dejarte. Creo que por fin todo ha acabado.

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6 de septiembre de 2004


ANOCHE VOLVÍ. Después de hablar el otro día contigo, me había armado de valor para dejarte. Al salir para el trabajo, estabas aguardándome. Me trincaste del cuello, golpeándome contra la pared. Estoy aterrada, ando de puntillas por la casa, no cojo el teléfono, siempre con miedo a que estés fuera escuchando. La casa cerrada a tope para que no se vea si yo me muevo por dentro. Siempre con miedo de que me estés observando desde alguna ventana. Siento verdadero terror. Vivo en mi propia prisión.

5 de octubre de 2004


OJALÁ todo hubiera ido bien. Me hubiera encantado ser la reina de tus sueños. Pero me matas cualquier iniciativa de intentarlo una vez más. Sin que llegue a abrir la boca, ya has disparado y abierto mi pecho en canal. Y paso del ardiente deseo de verte al feroz dolor de querer irme y no volver nunca más.

Soy humana, Dios mío. ¡Cuántos errores cometo, uno detrás de otro! Qué mal me siento. Qué poca cosa. ¿Será que no sé amar? ¿Por qué no he sabido hacerte feliz?

No consigo ni quiero olvidar todos esos momentos. Tu rostro, tu agresividad… Cuántas cosas has roto. Y no sólo materiales.


10 de octubre de 2004

HACE TRES AÑOS Y MEDIO QUE COMENZÓ esta relación tan turbulenta. Y hoy parece que ya se acabó. Sé que te quiero, pero no sé cómo combatir esas rabietas tuyas que acaban con tanta violencia. Yo he descubierto muchas cosas sobre el amor y las relaciones y he luchado mucho por amarte y aceptarte.


27 de octubre de 2004

HEMOS VUELTO. Nos hemos visto un par de veces. Hemos hablado mucho y en profundidad. Todo precioso. Sí, creo que puedes cambiar.


30 de noviembre de 2004

TE QUIERO, pero no hay buen rollo. Esto es un infierno. Debería tener fuerzas para dejarte aunque me equivoque. Y cada vez que te digo que se acabó, tú mismo reconoces que tu violencia es lo que nos impide podernos amar.

31 de diciembre de 2004

SIGUE ESTE AMOR que se convirtió en pesadilla. Este amor que mató mi amor, mis sueños, mí ilusión de creer que el amor lo puede todo. No quiero llegar a odiarte, pero quiero que esto se acabe. ¿Podré olvidar? ¿Podré amar? ¿Volveré a confiar? Me siento hermética.

2 de abril de 2005

HOY HE VISTO UNA FOTO TUYA y recordé lo mucho que me gusta tu nariz, tu sonrisa, tus ojos, tu olor. Y luego recordé que eso es sólo una mínima parte de ti.

Me da pena saber que nunca te llegó lo mucho que te amé hasta quedarme vacía. Ojalá aprendas a amar de verdad comenzando por el respeto a la persona de enfrente. Espero que no te ensañes conmigo y que todo quede aquí.

Necesitábamos ayuda. Tú mismo reconociste que no eras capaz de alejarte de mí, aun cuando sabías el daño que me estabas haciendo. Yo tampoco fui capaz. Lo siento. Sólo me queda aceptarlo para poder encontrarme de nuevo. En busca de mí, tal como soy, con mis errores y mis virtudes.


7 de abril de 2005

HOY ME HAN DICHO LOS MÉDICOS que me van a operar por una de las lesiones que me has provocado. No puedo seguir viviendo con este estrés y con este pánico.

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4 de mayo de 2005

ME HAS ENCONTRADO. Tengo miedo, pero me has tranquilizado y hemos paseado y hablado. Y cuando parecía que todo estaba tranquilo, comenzaste a gritarme que yo siempre lo estropeo todo, que si quiero provocarte, que soy muy dañina… Empezaron los empujones, los zarandeos, y cuando me senté, llorando, una vez más yo no era capaz de identificar qué te había dicho o hecho yo para vivir ese horror después de un estupendo paseo. Con las dos manos cogiste una piedra de tamaño impresionante y la lanzaste por encima de mi cabeza. Me quedé inmóvil por un largo rato. Mientras, tú te desahogabas gritando, hasta que al ver mi pasividad empezaste a llorar y a pedirme perdón.

5 de mayo de 2005

TODO ESTO DE LA OPERACIÓN me ha dejado muy impactada y siento que tú eres el único que me puede ayudar. Vuelvo a confiar en ti.


19 de mayo de 2005

HOY FUIMOS AL MÉDICO y volvíamos tarde. Me confundí en algo que dije. «Tú me has provocado». Me tirabas del pelo una y otra vez. Me tiraste en la cuneta de la carretera con todas mis cosas, noche cerrada. Pensé que no volvería a ver a mis hijos..

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2 de junio de 2005

MAÑANA ME OPERAN. En estos últimos días sólo me has dedicado flores y cariños. Sigo sin encontrar el camino a seguir. Te amo, y quiero ofrecer desde lo profundo de mi corazón este amor a la vida y pedir que me muestre la luz en mi camino, en nuestro camino, que nos muestre sin seguir sufriendo adónde debemos dirigirnos. Si debemos alejarnos o unirmos.



15 de junio de 2005

NO PARAS DE DECIRME LO ESPECIAL QUE SOY para ti, que soy la única mano amiga. «Perdóname, perdóname, perdóname», repites continuamente. Empiezo a plantearme que necesito ayuda. Sola no soy capaz.


18 de junio de 2005

POR FIN HAS ACEPTADO que necesitas ayuda profesional y yo quiero estar contigo. Hoy hemos ido a ese encuentro, yo llena de esperanza. Un nuevo horror, me equivoqué de calle.«Eres una torpe», «por qué no te callas», «ya me has provocado»… Entramos en un parking, y como había gente pensé que no me harías nada. Golpes, gritos, llantos. Más golpes, más gritos, más llantos… En un conocido garaje, pero nadie me ayudaba. ¿Qué pasa? Salí a la calle, golpes, gritos y llantos otra vez, pero nadie me ayudaba.

20 de junio de 2005

ME MIRO AL ESPEJO y me siento horrorizada. Se me juntan los moratones de una vez con otra. Estoy rendida.

29 de junio de 2005

ME HAN DESPEDIDO del trabajo. Este saco de huesos, mi cuerpo, no puede más.

3 de julio de 2005

HE CONSEGUIDO SUPERAR MI MONO de llamarte cada día, nunca imaginé que este sentimiento existiera. Pero hoy me has sorprendido por la calle, no sabía si correr, gritar, llorar o abrazarte. Me abrazaste fuertemente, apenas me diste tiempo hablar. ¡Qué felicidad! ¡Qué miedo! Siento que te amo a pesar de todo. Me pedías miles de perdones sin dejar de acariciarme.

17 de julio de 2005

HOY ACCEDÍ a verte. Hemos paseado, comido y charlado sobre todo lo que ha pasado. Sin horas, sin prisas, en la más absoluta compresión. Ha sido genial, ha habido pasión, amor, respeto, confianza... ¿Será verdad que has cambiado?

20 de julio de 2005

ESTA MAÑANA dimos un paseo. No recuerdo qué pasó ni cómo empezó la discusión. Me has retenido hasta que te ha dado la gana. Los niños han tenido que comer solos, no me has dejado ir atenderlos.

22 de julio de 2005

DECIDÍ JUGÁRMELO TODO en unas vacaciones. Quería descubrir qué pasaba con nosotros. Pero antes de emprender esta aventura contigo, mandé una carta a una amiga por si pasaba algo que supiera dónde estaba. No le dije a nadie más que me iba contigo. Los tres primeros días fueron bien, surgieron roces, pero supimos resolverlos. Parecía que estabas aprendiendo a controlarte. Pero hoy empezó de nuevo mi calvario. Se me olvidó poner el despertador, y tú me has levantado a voces recordándome lo estúpida que soy. El viaje de vuelta a casa, a toda velocidad, ha sido un infierno. Se acabó.

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2 de agosto de 2005

HOY DEJÉ DE SUFRIR por amor. Reconozco que me equivoqué y gracias a mi hijos, mis amigos y el psicólogo he descubierto que estoy viva. Quiero y deseo que los dos encontremos nuestros caminos y la paz interna. Esta búsqueda de mí misma se ha convertido en una prioridad, no quiero seguir engañándome. Esta relación está acabada. Se ha convertido en una adicción muy dolorosa para los dos.

Yo he llegado a mi límite. No puedo más, ni llevar durante más tiempo el peso de que te hago sufrir y te creo dolor. Lo siento en el alma.

3 de agosto de 2005

TENGO QUE REPONERME y volver a mí. No busco la felicidad, pero sí la paz interior. Necesito emprender ese camino y no lo puedo compartir contigo, pues todavía tengo mucho dolor impregnado en mi piel. Tengo que llorar y patalear mucho para poder empezar de nuevo. Aun así, me agarro a la vida con ilusión. No me asusta volver a empezar, pero primero me tengo que recuperar físicamente.

Me encantaría poder escribirte una carta romántica y de amor, pero no puedo. Tengo mucho dolor que no me deja ya amarte.

12 de agosto de 2005

TODAVÍA NO ME HE ACOSTADO y mi pensamiento, mi corazón, te tienen presente. Me gustaría guardarte ahí y ser capaz de dejar de compartir mis sentimientos con los demás. No voy a bucar ningún hombre que te reemplace, para que mis cicatrices cierren bien y mi corazón se vuelva fuerte. ¿Por qué te echo tanto de menos?

Esta noche ha sido muy linda y divertida. Agradezco a Dios este bonito día, totalmente protegida y querida por mis amigos.

20 de agosto de 2005

SIGO PENSANDO EN TI, deseando una llamada que me calme un poco, que me dé un aliento de que me quisiste de alguna manera. No consigo acostumbrarme a que todo fue mentira. No puedo creer que haya seres tan crueles.

Pido y pido a Dios que me ayude a salir de esta obsesión que me mata lentamente, que me mata la ilusión de vivir, de amar, de sonreír… ¿Dónde estoy que no me encuentro? Quise estar a tu lado y ser tu compañera. No te puedo odiar, no sé por qué.

3 de octubre de 2005

TODAVÍA ESTÁS EN MI MENTE. Todavía tengo celos de soñarte en brazos de otras mujeres que no sean yo, todavía me duele saber que sales, te diviertes y sonríes.

Lo que no entiendo es por qué no consigo recordar tu parte oscura. Sólo a base de hablar y con un gran esfuerzo apenas saco un poquito de dolor. Eso sí, como alguien diga o haga algo que me traslade en sentimientos a lo tú me hacías sentir, se me abre un volcán de furia y llanto en el que se me separa el pecho de la espalda.

Cuando siento esto no quiero hablar, no quiero estar con nadie, me siento culpable de no ser más fuerte, me avergüenzo de que me vean los más cercanos, y sobre todo siento unas tremendas ganas de morir, estoy cansada, no puedo más. A veces pienso en que me podías haber matado y así haber terminado el trabajo que tan hábilmente desarrollaste con todas y cada una de las mujeres que nos hemos enamorado de ti. Porque ahora descubro que no soy la primera que ha pasado por esto.

20 de diciembre de 2005

INTENTO ANALIZAR estos cuatro años y medio. Estoy vacía y agotada física y sobre todo psíquicamente. No hay culpables, son simples situaciones que nos pone la vida, pero se nos ha ido de las manos. Ya no me queda nada que ofrecerte. Ya no te puedo amar, pues no me amo ni a mí misma.

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1 de enero de 2006

Un intento de despedida

MI GRAN AMOR, mi gran destrucción. Recuerdo el sol, los atardeceres que compartimos… Estaban llenos de magia. Tu sonrisa me transmitió amor, esperanza e ilusión. Te sentía grande, con un gran corazón. Creí en tu capacidad de amar. Confié en ti hasta el fin de mis días a tu lado y mucho más, me creía cada dulce y agridulce palabra que me decías. De verdad confié en que nuestro amor era verdadero y estaba por encima de todo. Me equivoqué. Y me está costando mucho aceptarlo, comprenderlo y asimilarlo.

Ahora miro para atrás y el corazón se me desgarra. El alma me duele y el pecho aprieta. Me has engañado muy bien, muy bien. Me has absorbido hasta la última gota de energía, me has anulado, ofendido, insultado, golpeado, torturado, maltratado… Con toda tu crudeza, sin límites.

Deseo que esto se acabe. Quiero aceptar que me equivoqué. Quiero dejar de preguntarme «¿por qué?», de preocuparme por cómo estás, de que un día surja un milagro y todo sea diferente o por lo menos que hubiéramos seguido hablándonos, pero creo que eso no va a suceder… Deseo que me vuelva la ilusión de vivir, de reír, de soñar… Aunque no sea a tu lado.

No te quiero odiar. Sólo te quiero olvidar.

2 de enero de 2006

EN EL INMENSO TÚNEL DE LA OSCURIDAD, cuando más deseas parar, desaparecer, vas pasando y traspasando todo dolor físico para intentar olvidar lo que duele el alma, cuando el cansancio te puede y entra en ti la pasividad absoluta, la negación a la vida, a sentir, a oír, a comer. No hablas, pues te sientes fundida en la nada. Sólo sientes el dolor más profundo del corazón.

El túnel se va haciendo más negro, vas perdiendo el miedo a desaparecer, a dejar de existir, a volar como un suspiro. Tanto miedo a tener miedo hasta que se hace tu aliado. El miedo es tu amigo porque ya no tienes miedo a irte. Pero la vida se aferra a ti, tiene más fuerza. «No es así como se muere», te dice.

Llega un día, y otro, y otro amanecer. Aunque tú no quieras.

Junio de 2006

¡¡¡ BASTA !!!

NO MÁS GRITOS silenciosos. Sí más gritos sonoros, no de lágrimas y golpes, sino de una sociedad que dice «¡BASTA», que comienza a despertar, a comprometerse. Yo lo hago con estas palabras y pido ayuda a todo el que lea este diario.

Para un momento, sólo un momento. Deja de trabajar, de correr, del stress cotidiano y respira, siente por un momento, escucha el grito de los que sufren. Toma conciencia, no tengas prisa, no tengas miedo de SENTIR para ser más humano.

Muchas mujeres hemos dicho alguna vez en la vida: «a mí un tío no me hace eso». O «yo no se lo consiento ni a mi padre». Es extraño cómo caes en historias que no te crees ni tú misma. Yo he sido una mujer maltratada. ¿Y cómo se puede llegar a esto?, me preguntan. Llega un día en que aceptas un trato injusto, no le das importancia, apenas te das cuenta, «estará nervioso» —piensas— y lo justificas por miedo a sentir tu propia humillación. Es en ese momento cuando has perdido tu primera oportunidad de parar. Es sólo el primer paso, vendrán muchos otros que irán dejando su huella, vas perdiendo poco a poco tu dignidad, tus valores, tus referencias… Hasta la total anulación.

Dejando de sentir se puede aguantar un comportamiento violento y vejatorio, es parte de la normalidad de tu vida. Yo dejé de sentir; si no, no hubiera aguantado. Y al dejar de sentir, yo también cerré los ojos para no ver, me tapé los oídos para no escuchar. Y por eso, porque dejas de sentirte persona, vuelves una y otra vez con él. Ya no distingues. El corazón, la cabeza, el alma se separan del cuerpo. El dolor ya no duele.

Cuando decidí denunciar, empezó para mí un segundo maltrato. Encontré mucha ayuda, sí, pero también mucha incomprensión. Todos deberíamos comenzar a dejarnos sentir, para tomar conciencia del dolor ajeno, para comprometernos y que esto cambie, sin miedo al dolor, porque esta toma de conciencia nos puede llevar a ser más libres.

Ahora tenemos mucha información de las herramientas con las que contamos (sociales, judiciales, médicas y policiales). Estos profesionales nos ofrecen una ayuda, que no es poca, pero que a veces sujeta a limitaciones: leyes, jerarquías, falta de información a todos los miembros que trabajan en estos organismos… Descoordinación absoluta entre todos ellos, esto es lo que yo me he encontrado. Guardias que te protegen y ejercen como asistentes sociales, algunos médicos que no saben cuáles son sus obligaciones y se desentienden, abogados que están sujetos a la lentitud judicial y que sólo pueden funcionar como indica la ley y tener paciencia. Yo he acabado llamándolo «ADMINISTRACIÓN DE INJUSTICIAS», Insalud, Intolerancia, Incomprensión, Insensibilidad. Acabas sintiéndote muy sola ante tanta INCOHERENCIA.

Desde ese darnos cuenta, como mujeres, de que estamos solas, podemos renacer de nuestra propia muerte; si conseguimos una buena ayuda de referencia, ¡estupendo! Y si no, por pura supervivencia. Pero la sociedad sigue teniendo el papel principal en esta 'reinserción' de la mujer maltratada; también cuando hablamos de reinserción de un maltratador.

La primera y gran ayuda es el rechazo hacia un comportamiento brutal e insensible. Es la sociedad la que tiene que transmitir que no existe ningún tipo de justificación hacia el maltrato. Aquí sí que la INTOLERANCIA tiene que ser MÁXIMA. Si el maltratador llega a sentir el rechazo público, hay esperanza, pues habrá tomado conciencia de que no ha actuado bien, de que así no se trata a la persona que supuestamente ama, de que así ellos nunca sentirán el AMOR y de que así no forman parte de esta sociedad.

Os animo, desde aquí, a levantar la voz. ¡BASTA! No cerremos los ojos. No nos tapemos los oídos.